El Trastorno Límite de la Personalidad en las aulas
Hablar del trastorno límite de la personalidad a día de hoy es casi de obligado cumplimiento, ya que cada vez tiene una relevancia mayor y más marcada en nuestra sociedad y entre nuestros adolescentes y jóvenes adultos. Sin embargo, casi nadie sabe de qué se trata.
Éste, es un trastorno que se caracteriza por una marcada inestabilidad en el estado de animo, en las relaciones sociales y en las conductas y relaciones interpersonales, una profunda sensación de vacío y miedo al abandono real o imaginado. Todo esto lleva a alteraciones en muchos ámbitos de la vida (laboral, relacional, afectiva y familiar). Las personas que sufren de este trastorno presentan dificultad para regular el estado de ánimo, conductas impulsivas e imprudentes y establecen relaciones inestables con los demás.
Afecta al 2% de la población, representa el 10% de los diagnósticos psiquiátricos y el 50% de los ingresos en salud mental. Es importante conocer estos datos numéricos para entender el alcance y la gravedad de esta situación.
Pero, ¿no parece difícil diferenciar a un adolescente "normal" con su consecuente crisis vital de un adolescente con TLP? Aunque los rasgos distintivos son obvios y muy marcados (autolesiones, intentos de suicidio), podemos encontrarnos a un alumno con una patología muy leve y que no haya alcanzado estos niveles.
El adolescente pasa muchas horas en el aula, mantiene ahí sus relaciones sociales y vierte su energía y motivación al igual que construye ahí su futuro laboral y profesional.
Por tanto, me parece vital que el docente conozca, esté atento y cuide, en la medida de lo posible, el mundo mental y emocional de sus alumnos.
Muchas veces los padres trabajan muchas horas o son incapaces de apreciar desde dentro la situación de sus hijos. Nosotros, viéndoles cada día y viendo sus interacciones, comportamiento, respuestas o su interés, podemos empezar a sospechar.
El alumno con TLP puede presentar muchas ausencias repetidas sin justificación, abuso de sustancias, conflictos con los compañeros y quejas por parte de éstos, aislamiento social, irritabilidad, descenso en las calificaciones y pérdida de interés.
Todos estos síntomas deben de llamar nuestra atención y debemos de abordar de una manera correcta y apropiada la situación, teniendo una charla tranquila y asertiva con el alumno, comentándolo con los orientadores del centro y hablándolo con los padres si fuere necesario.
Las desregulaciones emocionales, en definitiva, deben de ser tenidos en cuenta para un buen trato y afianzamiento de las generaciones venideras pues, nos guste o no, suponen un gran problema social, económico, médico y humano. Aunque dispongamos de una gran formación académica, nunca debemos de olvidar que tratamos con seres humanos que están descubriendo un mundo muy hostil para ellos y, ante todo, creo que debemos de ser un espacio seguro en esa caída.
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