El problema del determinismo en lo humano
Cuando Kant hizo la distinción entre lo fenoménico y lo nouménico, definió al ser humano como un ser dotado de una razón autónoma capaz de determinarse a sí mismo. A pesar de las inclinaciones que nos llevan a buscar el propio interés, somos seres capaces de anteponer nuestra razón a nuestros intereses, y somos libres cuando somos capaces de guiarnos por el deber. Nuestros actos son libres cuando actuamos libres de nuestras inclinaciones, cuando somos capaces de pensarnos a nosotros mismo como seres libres de lo fenoménico.
Esta ruptura en la filosofía moderna nos lleva a considerarnos como seres que se construyen a sí mismos, no determinados por naturaleza. Las posiciones de los contractualsitas clásicos como Hobbes, Rousseau y Locke se fundaban en una antropología basada en un concepto de naturaleza humana. Aun cuando Kant hablaba de “disposición natural del ser humano”, posteriormente Hegel puso en el centro de la filosofía al aspecto histórico del ser humano, y señaló que sólo conocemos y comprendemos la naturaleza a través de nuestro momento histórico. Marx consideró el aspecto ideológico de la historia y de qué manera las ficciones y las condiciones de existencia modelan nuestra manera de comportarnos y de ver el mundo.
Tampoco debemos olvidar la influencia del trabajo de Darwin en El origen de las especies, obra que nos ayudó a comprender que el ser humano estaba mucho más cerca del resto de los animales de lo que se pensaba. La interpretación más radical de esta obra llevó al surgimiento de teorías como el darwinismo social y el determinismo biológico, la primera explicando la competitividad, la agresividad y otros comportamientos sociales a través de la teoría de la evolución por selección natural, y la segunda concluyendo que la mayoría, sino todo el comportamiento humano está codificado en los genes. También Freud dio un giro espectacular a nuestra manera de comprendernos a nosotros mismo, teorizando que gran parte de nuestro comportamiento es causado por impulsos irracionales inconscientes. Nietzsche, por su lado, marcó el camino de la humanidad como algo entre el animal y el “superhombre”, lo cual nos lleva en el caso de los nazis, a prácticas de selección eugenésica extremadamente brutales, como por ejemplo el exterminio sistemático de algunas etnias y personas con discapacidades mentales o físicas. Independientemente de hasta qué punto los nazis siguieron, deformaron o instrumentalizaron la filosofía de Nietzsche, su objetivo era el de mejorar a la raza humana para llevarla al siguiente nivel. Por último, vale la pena mencionar a la posición más posmoderna, que considera que somos construidos socialmente y que la biología no nos condiciona en ningún aspecto del comportamiento.
Podemos observar a lo largo de la historia de la filosofía, una preocupación acerca de la libertad del hombre, así como por los orígenes de su comportamiento ¿Es posible para el ser humano ser libre de lo fenoménico? ¿Estamos determinados social o biológicamente? ¿Son nuestros actos fruto de una decisión consciente o de mecanismos inconscientes?
A lo largo de la historia del pensamiento, dilucidar si el comportamiento de un individuo cualquiera, así como su identidad y su carácter, son producto de su constitución biológica o de los factores ambientales que han estado presentes durante su vida, no contaba con la posibilidad de cambiar la biología de la humanidad. Nuestra actual capacidad para modificar la vida por medio de la tecnología, y la identificación de ciertos rasgos de comportamiento y de capacidades con genes, nos devuelven a la cuestión acerca de si el ser humano es autónomo o no.
Si modificando los genes de un ser humano lo estamos determinando a vivir de una manera específica y estamos dibujando los límites de sus capacidades, entonces la biotecnología es capaz de diseñar seres humanos como si diseñara cualquier otro tipo de cosa. De esta manera, el ser humano producido artificialmente estaría determinado biológicamente por sus genes, los cuales determinarían desde sus niveles de agresividad, al tipo de empleo al que se podría dedicar y hasta el estrato social al que pertenecería. Si, por el contrario, el ser humano es capaz de pensarse a sí mismo e ir más allá de sus límites biológicos y genéticos, modificar genéticamente al ser humano no es determinarlo, sino dotarlo de nuevas capacidades. Si esto fuera así, aunque una persona fuese diseñada en un laboratorio para tener grandes capacidades de razonamiento espacial, se lo juzgaría (idealmente) por la demostración de sus capacidades antes que por su ficha genética. Sin embargo, más allá de considerar a un individuo mejor que a otro en determinado campo antes incluso de que nazca, las personas diseñadas genéticamente para ser más fuertes o más inteligentes tendrían una ventaja como colectivo frente a los seres humanos nacidos naturalmente. Todas estas cuestiones, ya sea para bien o para mal, serán probablemente resueltas en el futuro con la generalización de la edición genética con herramientas como CRISPR.
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